Siempre odie el viejo uniforme del colegio, plomo, gris rata, como panza de burro, como el cielo de Lima. Envuelta en el, con su faldón y tirantes, solo hacia sentirme una mas, otra mas igual a la anterior, a la de mi delante, igual a todas ellas.
Después de sufrir casi todo el colegio con la impersonalidad del uniforme, el primer día de clases de mi último año la vi, nueva en la fila, con su uniforme plomo, gris rata, como panza de burro, como el cielo de Lima, pero estaba maravillosa. El secreto, casi imperceptible, pero toda sensualidad, la falda alta mostrando un poco más que las rodillas, y sin tirantes, y un botón de menos. Una chica igual a todas, pero que me dejaba boquiabierta, y a todos los chicos les arrebata miradas.
Mi sorpresa fue grande, cuando al entrar al salón, y adoptar nuestras nuevas carpetas me sentaron a su lado, donde al subir su falda por sentarse se veían mas su bronceadas piernas, perfectas de pequeñísimos bellos rubios.
No podía creerlo como ese cambio la hacia apetecible a mi mirada, ¿estaba loca o que?
En la tarde en casa, le metí aguja a la basta y tijera a los tirantes, y un solo arete largo en la oreja.
Al día siguiente ya éramos dos las que robábamos miradas, y mas de una mirada intolerante de los profesores.
Y solo con ese cambio, yo cambie; ya no era la misma, había descubierto el poder que tenia sobre otros, el poder casi hipnótico de un movimiento sensual, el calor en el cuello de una mirada de deseo, y sobretodo ya sabia, que ya no era una mas del montón, y había otra cosa distinta en mi, un nuevo sabor que quería probar, que estaba encerrado en otro uniforme plomo, gris rata, como panza de burro, como el cielo de Lima.
Sentada en el sillón de la oficina, con mi falda algo arriba, mi pelo suelto, mis labios llamativamente brillantes, mis ojos perfectamente delineados y mi mejor blusa picaramente media desabotonada, mostrando mis mejores encantos, me encontraba otra vez escuchandolo. Estaba, otra vez, contandome sus dilemas existenciales con Paola, su semi novia, que como de costumbre estaba dándole guerra, ya que nuevamente estaba confundida.
Y le seguía escuchando sus lamentos, sus pesares. Yo que me lo quería comer a besos, me movía, me acercaba, retrocedía, le hacia reír, lo animaba, lo escuchaba, me mostraba, me escondía, dándole mil vueltas a mi pelo con el dedo, mordiendo un lápiz que sabia horrible.
Y yo que lo único que quería era devorarlo allí mismo, decirle que lo amaba, que me arrancara la ropa, que me hiciera suya, allí mismo, en el sillón de la oficina. Pero seguía la cháchara, y mi mente volaba, sentía como sus manos se paseaban por mi cuerpo, sintiendo su calor, tenerlo encima mió, sentir su cuerpo, llevármelo y perderme con él, en un lugar sin nadie, sin palabras, solos, enfrascados en batallas húmedas.
No soportaba mas, estaba a mil, mi cuerpo necesitaba el suyo, y él solo seguía hablando casi sin mirarme con la mente en otra, y yo con mis ganas contenidas. Maldita sea, mírame! Estoy aquí, ¿no me vez? ¿ que más hago?. Si estuviera desnuda no me verías. Que mas puedo hacer, casi regalándome, soy tuya gritaba en mi interior. De nada servían mis piernas que no paraban de moverse, ni mi escote, ni mi cara pintada, ni mis ansias por él. Maldita sea, mírame! Estoy aquí.
Casi cayéndome del sillón de tanto juguetear con la idea de ser suya, se paro volviéndome a la realidad. Se fue a la puerta, y yo allí, sin ser tocada, ni mirada, ni sentida. Se volvió y me dijo como siempre… “como fuera Paola como tu”, y atravesó la puerta dejándome abandonada con mi drama.
Maldita sea, mírame!
Sentada frente a la ventana del Chat como tantas otras veces, Paloma empezó a leer los nombres que allí aparecían, sin que se llegara a nada, leía, conversaba, mentía, y exageraba un poco, hasta que se encontró con Lena, una chica bastante desinhibida, que le propuso las cosas directas, que vivía lo bastante lejos como para que no se pudieran encontrar por casualidad en otra oportunidad, y así mantener su vida fuera de esta aventura. Seria perfecta para sacarse la curiosidad de una buena vez, y cruzar la línea, con la cual fantaseaba sin nunca antes atreverse a concretar algo.
Sentada en un café a mitad de la ciudad, un punto medio entre las dos, mordiéndose las uñas y fumando nerviosa levanto la mirada y allí estaba Lena parada junto a su mesa, tal cual como se había descrito, con unos jeans apretados y una casaca roja, abierta justo hasta el escote, donde se podía apreciar su perfecto bronceado con el cual había fantaseado desde que se lo describió en la ventana de su computador.
Sin sentarse, Lena le susurro al oído un sensual ¿Vamos?, le cogió la mano y la hizo atravesar el parque hasta una discoteca, donde Lena entro saludando como si fuera la dueña del local. Saludo tras saludo, Paloma se empezó a poner nerviosa, ya que cada vez sentía mas fuerte la sensación de ser el nuevo juguetito de Lena, la nueva conquista de la semana, su nueva presa.
Baile tras baile Paloma estaba mas excitada, con los contoneos de su acompañante, por las insinuaciones, por los besos en el cuello, por el ruido, por las miradas de los otros. En ese momento otro ¿Vamos? en su odio la condujo a una zona apartada, de sillones, de parejas tocándose. Se sentó y Lena abriendo algo mas su casaca le condujo la mano a su pechos y empezó a besarla. Paloma ya muy mareada por la situación, los tragos, el baile, la bulla, las manos de Lena se dejo hacer y termino rendida ante la situación que duro casi toda la noche, una noche de idas y venidas de la pista de baile al sillón, hasta que ya exhausta se disculpo, y se escabullo llegando afuera donde los primeras luces ya anunciaban la mañana y que la noche de curiosidad ya estaba saciada.
Días mas tarde, sentada frente a la ventana del Chat como tantas otras veces, Paloma empezó a leer los nombres que allí aparecían, pero esta vez, los leyó de otra manera, ella ya había cruzado la línea, y le había gustado.
Parado en la cola del cine de la mano con una amiga, bueno, algo más que una amiga, me encontré con otro amigo que nos conocía a los dos. Nos saludamos desde lejos, ya que el también estaba acompañado, dejando tácitamente con el saludo que ambas parejas querían estar solas.
Entramos y en vez de ir a mi lugar preferido a mitad de la sala, me condujeron a la última fila, a ver la película casi con prismáticos. A mitad de película sentí como esa agarrada de manos se empezó a convertir en un roce algo fuerte de su dedo con mi palma, lo que despertó algo en mi, y empecé a ver con otros ojos a mi “cita”. Un leve acercamiento basto para que de pronto lo que empezó con unos abrazos y unos besos casi tentativos se convirtieran en unas caricias muy fuertes en nuestras partes intimas. Sus manos y las mías recorrían el cuerpo del otro, sumergidos en besos, en excitación, y en consecuencia cero atención a la película. Mi mano entro en su blusa, y jugueteaba con uno de sus pezones, mientras ella que ya me había bajado el cierre me tenía bien cogido sobándome de arriba para abajo. En ese momento, con los ojos cerrados, enfrascados en besos, mi mano ya había bajado a su falda, un pequeño movimiento de piernas me indico que quería que llegara mas hondo, hasta dentro de ella. Mi mano surco toda su piel por debajo de la falda y con los dedos la sobaba al compás de sus besos que me indicaban como, cuando y que tan fuerte le gustaba ser tocada.
En este vaivén se paso casi toda película, sorprendiéndonos justo un orgasmo mutuo al sentir como el silencio se rompía en la sala, indicación del final de la cinta. Con un gemido ahogado me volvió a besar y rápidamente se acomodo para poder salir antes que prendieran las luces.
En la salida nos volvimos a encontrar con la pareja amiga, y de nuevo el saludo desde lejos, pero en la sonrisa de mi amigo deduje que se había dado cuenta de lo que había pasado, y estaba seguro que no fue el único en la sala.
A los dos días, de nuevo en la cola, me lo volví a encontrar, pero esta vez estábamos solos.
¿Solito esta vez?, pregunto.
- Si, hombre, esta vez si quiero ver la película.
Si, yo también, respondió riéndose.
Una nueva secretaria era el clamor entre mis socios después de la sorpresiva renuncia de la chica que teníamos. Por este motivo empezó el diario peregrinaje de reemplazos en la oficina de personal. Unas eran muy bonitas, otras muy calificadas, otras muy chicas, otras muy mayores, era un dolor de cabeza. Así que decidí llevarme a casa los curriculums para tomar una decisión en el fin de semana.
Ya en casa, con los papeles aun en el portafolios empezó a llegar gente, un grupo de amigos que tomo por asalto mi departamento para una pequeña juerguita de sabado por la noche. Tragos van, tragos vienen, y se fue pasando la noche mientras me trataba de aprender los nombres de algunas caras nuevas. Ursula fue el único que aprendí, una chica muy avispada de bonita sonrisa que me había llamado mucho la atención, y al parecer yo a ella también. Estuvimos conversando en el balcón horas de horas, con risas picaras y alguno que otro baile algo subido de tono.
La gente se fue yendo, y al final solo quedo Ursula. Nos quedamos tomando vino mientras me ayudaba a limpiar el caos dejado en casa. Siendo ya tarde y estando ya con muchas copas, me pidió si podía quedarse a dormir, cosa que acepte demasiado rápido.
Entro al baño mientras yo me cambiaba en mi cuarto y le sacaba una almohada y alguna manta para que acampe en mi sofá, ella salio del baño, con un calzón en forma de chorcitos y con su camisa abierta sin corpiño dentro, estaba de película, no era una belleza como las pintan en las revistas, pero su frescura y el desparpajo con el que caminaba con su camisa abierta la hacían verse muy pero muy sexy. Hablamos mil horas más hasta que nos sorprendió la mañana, así que nos besamos y me fui a descansar. Ella se quedo en el sofá, y yo me fui a mi habitación, cayendo como una piedra en la almohada, pensando en esa camisa y en su nombre, Ursula…. Sonaba muy bello.
A mitad de tarde me levante y note que ya se había ido, y la tristeza me embargo, solo sabia que se llamaba Ursula, y en realidad no sabia con quien había venido. Pase toda la tarde llamando a mis amigos, pero nadie me supo dar razón, al parecer nadie había venido con ella. Esto ya era un misterio. No podía dejar de pensar en ella. Ursula, Ursula, ¿de donde habría salido?
Con ella en la cabeza me volqué a los curriculums, aun tenia que hacer mis pendientes. En ese momento sonó el timbre y era ella, aun enfundada solo en aquella camisa, con una botella de vino y dos copas. La hice pasar y me abalancé sobre ella, la bese, la abrasé, la mordí y la empuje a mi cuarto. Hicimos cosas que nunca había hecho, y menos por tanto tiempo, ya que terminamos allí todo lo que restaba del domingo entre besos y varias botellas de vino, contándonos todo, tocándonos todo, amándonos todo.
El lunes al despertarnos la vestí con sus mismas ropas con las que había venido dos días antes y la lleve a mi trabajo, donde la deje en personal y yo me fui a mi oficina.
Ya casi al final del día, mi socia me llamó y me pregunto …y ¿A quien contrataste?
Contrate a dos personas, Una chica muy bien recomendada que nos arreglara todas las cuentas, y a mi nueva vecina que me arreglara a mi! Esa fue mi muy fresca respuesta.
Por el teléfono aun podía escuchar las risas cuando me dijo. “¡Ay Mónica, tu estas loca!”
Sus cabellos abrazando mi cuello, su calor sobre de mi, una sonrisa perlada y una mirada profunda eran los únicos recuerdos que tenia de aquella mujer, mujer que se metía en mis sueños, sus curvas enloquecían mis horas nocturnas, sus encantos violaban mi privacidad, mi mundo dormido, haciendose dueña de mis pensamientos sobre la almohada.
Otra mañana, otro despertar esperando verla al lado, otro sorbo de café caliente apoyado del mostrador, otro día que solo tenia la sensación de haberla tenido, el gusto de sus labios en los míos, su olor aun en mi cuerpo. Pero todo era un sueño, una mujer en las penumbras de mis pensamientos, un deseo interno, un sueño, al final, un simple sueño.
Corrí como de costumbre, era otra mañana fría de invierno, de gente apurada en el andén, de gorros y bufandas, de gente con guantes.
A mitad de las escaleras, una cabellera me atormento, no podía evitarlo, era muy familiar, casi intima. Seguí subiendo tras de ella, tropezando con gente que me detenía en el andén, venia el tren, ya la gente quieta, casi estatuas, y yo tratando de pasar, atravez del mar de gente, ella se perdía en la muchedumbre, no llegaba a alcanzarla.
Corrí y le cogí la bufanda justo cuando entraba al último carro del tren, cuando me di cuenta, la puerta ya había cerrado, y me queda parado con la prenda en mis manos. La pude ver desde afuera, ella se volvió y era ella, estaba seguro, la chica de mis sueños, la que compartía mi alcoba en sueños, en pesadillas casi por la ausencia de su verdadera materia.
Y arranco el coche del tren, yo con la bufanda en la mano, con la mirada fija, ella con su sonrisa perlada, con una mano en la luna, como queriendo alcanzarme.
Desde ese día, la rutina impuesta empieza como todos los dias, levantarse, correr con el café, tomar la bufanda y estar en el anden, 15 menos 9 como ese día, tal vez una día le encuentre, y mi sueño obtenga su materia, y mis despertares sin ella ya no sean de angustia.
La tenue luz de la calle que entraba por la ventana era lo único que hacia vislumbrar sus encantos, parada frente mió, desnuda, provocativa, poniendo su ser a mi mandato, esperando solo un gesto para venir a mi lado y volvernos uno en las sabanas.
Ella, mucho menor que yo, sin inhibiciones, empujada por la curiosidad de placeres nuevos y con las ganas de una chiquilla que quiere descubrirlo todo en un solo instante, se rendía ante mi, para que le enseñara todo, para que la llevara por caminos que no había recorrido aun. Yo preso de sus encantos, y sumido en la excitación de ser el todo de alguien, era mas esclavo de ella, de su piel, de su aroma, de su forma avallazadora de recorrer la vida de lo que yo mismo quería admitir.
Era así como habíamos llegado a esto, a juntar nuestros cuerpos, a ser el uno del otro, en un lugares oscuros, ocultos de la demás gente, ocultos de nosotros mismos.
Esa noche, en que nos dimos todo, y quede prendado de ella. Me había enamorado como un chico, había regresado en el tiempo a ese punto en el que uno siente sin importar nada, ese tiempo en que las sensaciones son desmedidas, las pasiones sin limite, ese tiempo en que uno no piensa, solo siente; que el mas leve roce es todo un clímax, y que la espera al otro lado del teléfono, o el hacer hora para el siguiente encuentro nos deja un hueco en el estomago y solo tenemos un pensamiento mientras flotamos en el aire, Ella.
Un amor de verano, esos en que entregas el alma, y amas tanto que duele. Un amor que corría en el secreto, lo cual lo hacia mas candente, mas emocionante, mas fuerte.
Ella mas ingenua que uno, sin tanta experiencia, loca por vivir a mil, y sentir todo lo máximo posible. Yo, inmerso en el vendaval de su pasión, flotaba en las aguas turbulentas del deseo y de sus labios. Atrapado sin salida en las emociones, preso en una cárcel de sentimientos de la cual uno no quiere escapar, es mas, se interna mas dentro aun, tanto que solo se tiene un pensamiento en mente, Ella.
Hoy, años mas tarde de haber cometido la enorme estupidez de perderla, no hay día que un rostro no me la recuerde, un olor la traiga a mi memoria, y que un nombre me haga sentir este vació tan grande en mi alma, un vació tan grande que pesa, un sentimiento perdido que duele, un amor tan tontamente perdido que quiebra los huesos, que desgarra el alma.
Los hombres son una mierda, pensaba Yoly, parada en una esquina a media luz, como tantas otras noches, como tantas otras chicas. Tratándose de abrigar apretando su casaca, pero el frió entraba por todos lados, abrazaba sus piernas, recorría su cuerpo, enfriando su alma.
Otro carro mas, otra agachada mostrando el escote transando el servicio, otro cuerpo mas a quien calentar en un sucio hostal o en la parte de atrás de un coche. Los carros venían y se iban, algunos transaban, otros solo seguían, otra noche movida, empujada por el fin semana, otra desnudaba mas, otros besos sin gusto, otro amante de a minuto, otro golpe mas, otro moretón mas, otra noche vacía.
Otra vez más, en el mismo bar, con el cuerpo cansado de fingir excitación, adolorida por el maltrato, olvidada por los amantes. Sentada, tratando de disfrutar del calor del café, mas que de su sabor, atontada por la ultima línea que se metió para aguantar el frió, para aguantar el laburo, para aguantar el golpe. Sentada, con la pintura corrida, apretó su taza, y se vino al suelo.
Se despertó en un sillón con los primeros rayos de sol que entraban a través de la persiana, en un departamento extraño. Estaba envuelta en una manta, tan calientita que le recordaba el regazo de su madre. Sus zapatos perfectamente puestos debajo de la mesita frente a ella. Un jugo la aguardaba, junto a una servilleta de tela bordada. Se incorporo y dio unos sorbos, aun le dolía el labio amoratado.
Aun estaba vestida, oliendo a mil hombres, a mil noches, a mil encuentros cuando alguien le hablo desde atrás, “Ya despertaste, tienes la ducha lista, y algo de ropa en el baño.” Yoly volteo y se encontró con hombre mayor, de mirada amable.
¿Por que? Pregunto ella, tratando de entender.
¿Por qué no?, necesitabas ayuda, respondió él.
Yoly entro en la ducha, y se trato de lavar las mil noches antes que esa mañana. Se seco, y vio al espejo su amoratado rostro, y se dijo:
“Los hombres son una mierda….. bueno, no todos”
Por fin llegamos pensé, después de mil horas de manejar, y de aguantar a la gemela durante todo el largo viaje. No la soportaba, aunque era casi idéntica a Susana, mi mujer, Natalia era un maremoto a comparación del lago calmo que era Susana.
Por fin en la habitación, después de subir nuestras 3 maletas y las 15 de la hermana, me tumbe en la cama a preguntarme en que momento había perdido el control y me había dejado convencer en que mi esperado fin de semana de a dos se vuelva de a tres.
Bueno, con tal la gemela ya estaba en su cuarto, en la habitación gemela en el piso de abajo, que tenia una cama gemela a la nuestra y una terraza gemela a la nuestra y todo gemelo; cosa muy cómica para ellas, pero a mi, la palabrita ya me esta pudriendo.
Solo nos cruzaremos en la piscina, y cada uno hace su vida, que iluso yo al creerme el cuento pensaba mientras las veía rompiendo la marca del maratón de hablar tonterías al costado de la piscina. Cuando al fin se separaron, y por fin recupere a Susana, ya estaba cansado de la famosa gemelita, que además de monopolizar a mi mujer, ahora yo tenia el encargo de cuidarle la cola, ya que parecía ser el centro de atención de la piscina del hotel.
De galán de mi mujer, pase a ser la nana de la gemelita. No lo podía creer, ahora tenia que estar pendiente de la gemelita. Tres horas mas tarde, 5 cubatas, 22 galanes y un millar de miradas de pocos amigos, la gemelita por fin se deshizo de los galanes con que se había rodeado y yo me pude relajar sobre mi toalla y tratar de disfrutar lo que quedaba del sol, antes que muera en el mar.
A los 3 minutos de paz, si es que no fueron 2 y medio, la gemelita gritaba desde la terraza a Susana... ¡Fiesta en la Noche, Fiesta en la noche, sube para ir cambiándonos!. Fue así, que volví a quedarme solo, ¡Mas fuerte que no te han escuchado en Ibiza! Grite! Arranque muchas carcajadas de los que aun merodeaban por la piscina ya a media luz, aunque claro, seguro se reían de mi situación, del tío pelotudo, nana de colas, llevador de maletas, y chofer designado. Claro, si no faltaba mas, tuve que firmar los tragos de cierta gemela que por alguna razón pensaba que las cuentas tenían el numero de mi cuarto y no el suyo. Solo dos días mas, solo dos días mas.!
Cuando por fin pude usar la ducha, claro tres horas después, dos cubatas mas, y todos los canales del cable del hotel, sentí el infaltable grito...!Apúrate que ya estamos listas, mejor te esperamos abajo!... Obviamente ya sabia quien había gritado.
En el salón la misma película... cubatas, alguna conversación esporádica con Susana, cuidar la cola de la gemelita, cubatas, bulla, ahora también cuidar la de mi señora... y empecé a pensar que la ciudad ya no era tan horrible.
3 AM, ya muy tarde y por fin nos retiramos, claro ya bastante contentones. En cuanto llegamos a la puerta, lo único que faltaba. ¡amorcito, puedes ir a la farmacia del hotel y traerme unas pastillas que creo que tome mucho! Claro, si las mañas de la gemelita ya se le estaban pegando. Le deje dentro y me fui hasta la farmacia, pedi algo, pague con algo de dinero, con el cual habria podido comprarme un coche, ya ni podía contar los billetes, estaba ya muy cansado.
Llegue a la puerta, y maldición, la llave.. la llave, que mas me podía pasar.. toque y toque.. hasta que por fin me abrió... casi le tire las pastillas en la mesita y me fui a acostar, me saque todo, me metí debajo de las frazadas, cerré los ojos y grite ¡Al fin, mi cama!.
Unos minutos mas tarde se tiro encima mío diciéndome que era súper, que la disculpara por la gemelita y que me tenia reservado un premio por bueno, aunque ganso seria una mejor palabra pensaba yo aun con los ojos casi cerrados .
De pronto, me tapo los ojos con alguna tela y empecé a sentir unos labios en ciertas partes que ya se habían puesto muy duras debajo de las sabanas. Me besaba y succionaba como nunca... las cubatas habían hecho revivir a mi sexy enamorada que ahora era mi apacible mujer. Arranco las sabanas y se planto encima, cabalgando como hace años, cuando nos aprovechábamos del departamento vació los sábados, con la excusa de ver una película en cable. Estaba fuera de forma, pero ella al parecer no, no podía mas, y ella seguía, y seguía, saltaba y saltaba, y yo loco con mis manos la sujetaba, la tocaba, la dibujaba en mi mente con el tacto de mis dedos y los recuerdos de tiempos mas fogosos, esos tiempos sin anillo.
En un súbito asalto final, no pude mas, y grite como no lo había hecho nunca, y mi cuerpo se cayo a pedazos, ella se echo encima mío me beso y me dijo te amo, y me desvanecí.
De pronto me despertó, aun dormido me puso una bata, la ropa de anoche en las manos y me boto de la habitación diciéndome ¡Ve a recepción, pide el desayuno, deja la ropa para que le quiten el olor de cigarro, y subes rapidito que tengo hambre!
¿Qué? Reaccione ya en elevador, sobretodo al darme cuenta que no estaba solo, una señora de edad me miraba atónita, yo en bata con la ropa en las manos. ¿Esta loca, que le pasa? Noooo, ya mucha raza, no iba aguantar esto, seguro los consejitos de la gemelita estaban surtiendo efecto. Noooooo. Llegue a recepción, la señora salió, y apreté mi piso. En la puerta, otra ves, maldita sea, la llave .. la llave... la maldita llave, gracias a Dios, la chica de la limpieza que estaba en la puerta de al lado se compadeció y me abrió mi puerta. Tire la ropa y la vi otra vez dormida en la habitación a pierna suelta, hasta creo que roncaba. ¿Para qué hacer lió? Ya después, me eche a su lado, maldije un rato y me quede dormido.
Nos despertamos a medio día, le di un beso muy fuerte, con tal, después de todo, la noche estuvo de perlas, y volando nos fuimos a la piscina de la mano, como novios. Al llegar, la gemelita ya estaba, bueno que se iba a hacer, con una sonrisa a medias la salude, en ese preciso instante con una cara picara la gemelita pregunto. ¿Y qué tal la pasaron?
En cuanto iba a decir que ¡EXCELENTE! , Susana se adelanto y dijo ¡Ay Nati, tome tanto que en cuanto llegue me sentí mal, y me quede dormida!, luego voltio, me miro y dijo ¡apropósito, las pastillas nunca me las diste!
¡Ah???! La mire, mire a la gemelita que se empezó a reír a carcajadas y me di cuenta!
¡Estas rojo! Me dijo Susana. Yo no sabia donde meterme, sentía que todo el mundo se había dado cuenta de mi nocturno error, pero al parecer solo la gemelita y yo sabíamos que había pasado.
Toda la tarde me la pase hilando la noche, como podía haber esto pasado, por suerte Susana no se dio cuenta, y la gemelita.. la gemelita, la verdad , ya no me estaba cayendo tan mal.
Oculto bajo las sabanas frías por tu ausencia puedo jugar con tu recuerdo, recuerdo que me mata por haberte perdido y me da vida por albergar la esperanza volverte a encontrar.
Te recuerdo tan bella y tan salvaje, recuerdo tu caminar, recuerdo tu contonear, verte viniendo hacia mi por el pasillo, mientras yo esperaba perdido en la penumbra y angustiado por la emoción. Venias hacia mi, solo con tu chompa celeste de cuello, y nada mas, abrigando toda tu desnudez, haciéndome solo imaginar lo que cubrías, que reservabas para mi después.
Tu chompa celeste a rayas, que se ceñía a tu ser, y delineaba tu silueta. Me encantaba verte con ella, y con nada mas. Me encantaba saber que no tenias mas prenda que ella, que entre tu piel y la mía, solo estaba ese tejido que me hacia imaginarte mas. Te recuerdo sentada encima de mis piernas ante mi en el sofá, con tu pelo suelto y tus ganas de empezar.
Adoraba tenerte encima mío, y empezar a deslizar el tejido por tu cuerpo, descubriendo tu figura, tu ombligo, tus senos, tus cabellos despeinados, y empezarte a besar. Me enloquecía verte transpirar, moviéndonos al unísono, abrazarte y sentir tus hermosas curvas y tu delineada cintura, la estrella en tu ombligo y escucharte respirar.
Deliraba en tu ultimo gemido, y te abrazaba con fuerza al sentir como tu cuerpo perdía toda su fuerza en el ultimo instante, ya en el final.
Hoy solo tengo tu recuerdo, y la chompa celeste que dejaste, tal vez con la esperanza de regresar.
...y se quedo dormida... dormida en mis brazos, exhausta después de nuestro primer encuentro entre sabanas...
...yo no quería dormir, su perfume me extasiaba, con mi cabeza en la almohada llegaba a ver su hermoso cuerpo parcialmente cubierto. Me aferraba a su calor, mientras solo pensaba en ella, mientras jugaba con los piercings de sus senos que me alocaban...
... yo no quería dormir, y veía sus deliciosas curvas que resaltaban por la escasa luz que entraba por la ventana. Pasaba mi mano por su suave piel siguiendo su figura, desde sus caderas hasta sus pequeños hombros adornados por sus sensuales pecas...
... yo no quería dormir, pero el sueño me ganaba. Repetía en mi mente una y otra vez la experiencia de haberla hecho mía, a esa mujer de encantos indescriptibles y de carácter fogoso...
...yo no quería dormir, aun tenia sed de ella pero la conciencia ya me abandonaba.
...y me quede dormido, sintiéndome el hombre mas afortunado del mundo, abrazando su cuerpo y la esperanza que al despertar siguiera ella alli, y que todo esto no haya sido un sueño.
Fue su mirada insinuante la que me llamo la atención, su manera de fumar, los gestos al conversar, era una chica deliciosa y la tendría que probar.
Me acerque diciendo alguna tontería, a lo cual ella sonrió y me siguió el juego, baile tras baile el ritual siguió, el cazador y la presa jugando el juego de la seducción.
Tras matorrales nos escondimos, solo la música de fondo quedo como testigo de nuestra acción. Besos, abrazos, mordiscos, gemidos que nos llevaban a un clímax de excitación. Me amas dijo... Me amas? preguntó.
Me congele en ese instante, lo pude sentir, la pregunta me sacudió.
Me quede callado, solo el silencio se escucho.
Aun después de tantos años, cuando nos cruzamos, aun me mira con desprecio y desaprobación.
La respuesta era no.
La respuesta era no.
Mes desperté de un tirón con el despertador zumbando en la oreja, abrí los ojos, y la ventana me anuncio un dia de calor con un sol inclemente. Adoro el Sol, pero la sensación de sudor en mi ropa de oficina no me emocionaba en lo absoluto así que decidí llevar algo mas corto ese día.
Me cambie y salí a la calle con una minifalda, mis botas y una blusa, el calor era bravo, y la sensación del aire entre mis piernas era muy refrescante. Por suerte no vivo lejos de la oficina, así que decidí seguir caminando para no perder esa sensación en mis partes mas intimas..
A lo largo del camino, y como debí haber imaginado, varios tipos empezaron con los piropos, unos mas suaves que otros, y muchos muy descriptivos, hicieron del camino algo turbante; entre la sensación de deseo de los demás, la excitación aumentaba y el miedo que me provoco que alguno de esos piropos me llevaran a un mal encuentro con uno de estos tipos me puso muy nerviosa.... por que serán así los hombres pensé.. y apure el paso.
Llegue por fin a la oficina, agitada... y al terminar las escaleras, entre al piso. Para mi desgracia, mi escritorio me obligo a atravezar por toda la oficina, lo cual genero muchas miradas que antes no había recibido.... el poder de una minifalda es increíble pensé... y así, después de sentirme el ser mas deseado del mundo, caí en mi asiento... y prendí la computadora...
Mientras revisaba el correo, jugaba con la silla... dando pequeños giros... estos giros me calentaban... algo en el subconsciente me decía que tenia que seguir, que la sensación estaba muy rica.. y no podía parar.. empecé a mover mis piernas... apretando y ajustando... empecé a pasar mi mano por encima de la falda, apretando y jugando... manteniendome acalorada, aumentando mis ganas de mas.... lo tenia que hacer.. ya no podía mas.. mi calentura estaba a mil... pero todo el mundo me veía... sentía que todo el mundo sabia que necesitaba desfogarme... así que me pare, y corrí al baño...
Entre a un cubículo... y me levante la corta falda y me senté... y me deje llevar.. mis manos tenían vida propia.. ya no las podía parar... ya estaba muy acalorada... cuando sentí que alguien entro... sentí el portazo y un sonido que no podía ser mas que el del pestillo al cerrarse.... me asuste... y levante mis piernas.... sentí los sonidos de cuando abren cada cubículo buscando a alguien... hasta que llegaron al mío.. el cual no había cerrado y de pronto se abrió... me vio.. y se puso en un dedo en la boca diciéndome que guarde silencio y me guiño un ojo... se arrodillo.. y me agarro las piernas.. que manos tan suaves y calientes pensé... Yo... estaba ida y casi no reaccione... abrí mis piernas suavemente y se interno en mi falda... y me empezó a besar... y a mordisquear ciertas zonas que ni sabia que tenia... le excitación a mil... y me deje llevar... apreté sus cabellos.. y lo único que atine fue a tirar de ellos, para estar mas juntos.. y que presione mas sus labios en mi...
Fue corto pero inclemente el momento, suave , tierno y salvaje a la vez.. y después de una gran explosión en mi interior me desvanecí..
Habre perdido mi conciencia unos segundos... el tiempo justo para que se pare y valla hasta la puerta y abra el cerrojo.... Yo, al otro lado aun con la falda alta y casi sin respiración solo escuche salir una frase de sus labios...
... Me llamas hoy al terminar el turno... y seguiremos donde nos quedamos, ok?...
y yo le respondí, exhausta, feliz, turbada y con ganas de mas.... si Lorena!.. si Lorena!
Con la carpeta en las manos
Parada con las piernas abiertas y la falda alta, apoyando su busto en el vidrio helado del escritorio, esperaba la embestida de su amante ocasional, estaba nerviosa, pero ya habia llegado hasta este el punto en que ni ella misma se perdonaría el tirarse para atrás.
El nerviosismo no la deja entrar en calor como se requería para estos menesteres, fue cuando en su mente solo estaba la duda y el no saber que hacer, cuando sintió que había sido invadida por un calor fiero proveniente de un hombre que hasta unos minutos era un total desconocido, pero gentilmente... los movimientos fueron lentos y pausados, al parecer el amante ocasional se quería tomar su tiempo, o intuía el nerviosismo de la joven.
Los embates eran lentos pero con ritmo... y fue agarrando el calor... cuando se despojo se ultima inhibición, empezó a sentirse excitada y hasta empezó acomodándose mejor para gozar mas y que la experiencia, casi impuesta, se tornara de lo mas agradable, hasta llegando a sentir el vació que le quedaría si eso acabara muy pronto.
Cuando acepto por completo que ya había cruzado la línea, se volteo, termino de abrirse la blusa y se entrego a el, esta vez totalmente convencida de querer la experiencia y de querer gozarla al máximo.
EL amante, un hombre algo mayor, pero de buena pinta, la había mirado con unos ojos muy penetrantes desde que cruzo la puerta, eso la había hecho sentirse enormemente deseada y confundida, tanto, que ya habían llegado a esto... abrazándole con las piernas y los brazos, ella saltaba encima de el apoyados en la pared, las embestidas cada vez eran mas fieras, ella estaba en éxtasis... nunca la había pasado tan bien, el sitio, la oportunidad, lo prohibido, la necesidad, el amante desconocido... todos estos elementos hicieron de ella tener el mayor orgasmo que había tenido en su vida, a pesar que sus gemidos fueron ahogados por la mano del amante, ella los disfruto y se vino abajo... húmeda, saciada, exhausta y con el corazón a mil.
El amante, se agacho, la ayudó a pararse y le acomodo las ropas como pudo... ella se dejaba, aun no podía pensar... el se retiro, cerro su pantalón, y regreso donde ella diciéndole,
... Tome su carpeta, la espero el lunes, no llegue tarde...
La beso en la frente, le acomodo el cabello, y le abrió la puerta.... Ella partió y atravesó la salita de espera llena de chicas con carpetas en sus manos...y escucho a sus espaldas...
... Lo siento Señoritas, pero ya se ha tomado el puesto... buenas tardes...
Otro dia hasta tarde en la oficina, con el nudo de la corbata deshecha y el atardecer en mi ventana, solo pensaba en las largas horas aun por venir detrás de una ruma de cotizaciones y una maqueta a medio construir.
Cansado, desesperado, solo e irásible empecé a dar vueltas por mi oficina mirando al Sol morir desde el 20 piso. Cuando las ultimas y tenues líneas rojas dieron su sitio a la noche, me senté a tratar de continuar con la pesadilla del proyecto, aprovechando el silencio propio del piso vació, de la perfecta paz seguida de la partida de la ultima secretaria y la tenue luz de los corredores laterales.
Fue en ese momento, ya sentado, apunto de empezar en que el elevador llego al piso, y dejo pasar a la chica de la limpieza que empujaba su carrito de materiales de intendente con un leve chirrido de cada cuando en cuando.
A través de las lunas de la oficina podía ver su recorrido, de escritorio en escritorio, de cubículo en cubículo, con su guardapolvo rosa y su pañuelo en la cabeza. Tendría no mas de 23, de ojos negros y una bella sonrisa... Trate de volver a mis asuntos, pero no se porque esa noche, la chica no abandonaba mis pensamientos, y no podía concentrarme en mi trabajo. En un momento la perdí de vista, y me pare y salid e la oficina buscándola, encontrándola a medio camino de la fotocopiadora, donde pude percibir su olor, llevaba un bello perfume que me dejo prendido de ella y me dejo cual bobo parado a mitad del corredor sin saber adonde ir. Cuando reaccione me di cuenta que no la dejaba pasar, moviéndome de lado sin hablar, ella siguió, y me miro solo con una sonrisa y continuó su camino, yo huí a mi oficina, sin saber que hacer, pero el momento me había gustado, tanto olvide mi trabajo y me quede viéndola a través de las lunas toda su ruta diaria.
Es la primera vez que me fije realmente en ella, mediana altura, bonitas piernas (lo poco que dejaba ver su guardapolvo) y pequeña cintura, lo que hacia mas evidente su muy tapado pero generoso busto. Me pareció muy bonita la chica, la cual ni su nombre sabia, y me pareció raro que trabajara en la limpieza, alo mejor estudia en la tarde, me dije, alo mejor necesita mucho el dinero... quien sabe, fue cuando me cuenta que se dirigía a mi oficina, de un brinco llegue tras el escritorio y al sentarme , note una erección, al cual trate de tapar sacándome la camisa y me peine un poco.
Dos toquidos fue lo único que escuche y una voz embriagante me dijo, Arquitecto, puedo pasar?
Yo con mi mejor voz trate de hilar algunas palabras...
- Si claro, pasa, que necesitas?
- Arquitecto, ya es la ultima oficina, puedo pasar o lo interrumpo?
- No... sigue nomás... yo no puedo avanzar mas (mi mente esta en otra cosa, pense).
- Bonita oficina tiene, yo estudio arquitectura, por eso me gusta cuando me toca este piso.
- Y no has pensado trabajar en algo mas relacionado con tu carrera?
- Si, pero recién empiezo y sin experiencia es muy difícil, aunque yo por una oficina como esta haría cualquier cosa!
En ese momento me di cuenta que había entrado sin carrito, y con el guardapolvo medio desabotonado, que dejaba entrever un muy seductor escote, el cual ya lo había imaginado, pero la realidad era en una palabra increíble. Se acerco al escritorio y se saco el pañuelo de la cabeza dejando caer una larga cabellera negra azabache que llegaba casi a la cintura y en mi mente aun retumbaban las palabras ....haría cualquier cosa...
Me pare y rodee el escritorio, me pare frente a ella y solo atine a tratar de besarla, cosa que ella asintió y nos unimos en un beso largo y rodee su cintura con mis brazos y la senté en el escritorio.... donde el guardapolvo ya estaba en la cintura, entre mi y esos hermosos pechos solo estaba un pequeño brassier de enganche al frente, negro como sus ojos, e insinuante como ella, lo mordisquee hasta que abrió y dejo libres unos erguidos y calientes senos de pezones duros y puntiagudos, los cuales mordía con pasión mientras me besaban el cuello....
El momento era irreal, yo, ya con los pantalones abajo, atine a cargarla y caer los dos en el sofá de detrás, donde debido a la excitación y pasión del momento y entre besos abrazos, la penetración fue rápida y con firmeza, ella con un gemido ahogado de placer y deseo empezó a moverse al compás de mis caderas y me mordisqueaba la oreja.
Yo idiotizado en sus senos, no paraba de moverme y besarla, con su larga cabellera cayendo encima de mi, embriagado en su perfume y empapados de goces y ansias.
Fue así que cuando ya no podía mas.... los movimientos se hicieron mas rápidos y rápidos ... y las ganas ya no podían contenerse y a lo lejos solo oia...
- Arquitecto... Arquitecto... me escucha?... puedo pasar?
Yo no podia volver en mi, estaba desorientado.... ella parada con medio cuerpo en mi oficina y yo en trance.
- Si... si...
No puede articular mas.... me pare, agarre el saco y casi salí corriendo de la oficina... Sigue nomás le dije... tengo que irme... y volando llegue al pasadizo que conducian a las escaleras...
6 pisos mas abajo paré... me senté y solo pensé... que papelón.... que papelón.!